domingo, 15 de febrero de 2015

Fue enero
que trajo
la tormenta.

Amigos,
en La Esquina
fui las uñas de
las garras.
Fui el naufragio.

El alcohol
quizás ahora
me hable
entre las piedras.
Fui el pantano.
Mi piel en el lodo,
tu caricia extravagante,
la placenta próxima.

Los potrillos gritaron
hacia el recoveco
de tu vestido,
donde descansan
dulces doncellas.
Tibias. (en el rincón)

También en Barcelona me abstraje
mientras Proust
gritaba.
La pena exclamó:
¡ Qué juventud salvaje
vino desde otro tiempo
con críticas ansias
de asesinatos !

Los puños contra el
asfalto raspan
suaves espaldas.
Yo fui los lunares.
También. Labios en
las clavículas.
Cuando lo más
importante, siempre,
fue el ritmo.

De todos los mares
con polleras violetas
descansando en sus orillas
vos fuiste el río.

Ya no quiero ver
marionetas frustradas
con ansias de paredones.
Con costras en sus dedos,
con alfileres debajo de
sus carnes.

Pero,
pero,
cuando los chasquidos
se escucharon,
la pasión
fuera de su velo
se mostró teatral.
Ocultamente improvisada.