Fue enero
que trajo
la tormenta.
Amigos,
en La Esquina
fui las uñas de
las garras.
Fui el naufragio.
El alcohol
quizás ahora
me hable
entre las piedras.
Fui el pantano.
Mi piel en el lodo,
tu caricia extravagante,
la placenta próxima.
Los potrillos gritaron
hacia el recoveco
de tu vestido,
donde descansan
dulces doncellas.
Tibias. (en el rincón)
También en Barcelona me abstraje
mientras Proust
gritaba.
La pena exclamó:
¡ Qué juventud salvaje
vino desde otro tiempo
con críticas ansias
de asesinatos !
Los puños contra el
asfalto raspan
suaves espaldas.
Yo fui los lunares.
También. Labios en
las clavículas.
Cuando lo más
importante, siempre,
fue el ritmo.
De todos los mares
con polleras violetas
descansando en sus orillas
vos fuiste el río.
Ya no quiero ver
marionetas frustradas
con ansias de paredones.
Con costras en sus dedos,
con alfileres debajo de
sus carnes.
Pero,
pero,
cuando los chasquidos
se escucharon,
la pasión
fuera de su velo
se mostró teatral.
Ocultamente improvisada.
domingo, 15 de febrero de 2015
( si estás pensando
pensá mañana )
La saliva de las bestias
no pierde el tiempo
en días menguantes,
vibra en un salvajismo
- anterior a los trinos
a los alerces-
mientras transpiran las torres
en llamas.
( tus ojos, la tristeza de las flores)
las manos sangran
las manos sangran
y esa sangre
- que no es alimento -
bañará un vientre,
el vientre del miedo.
cuando duermen hambrientos
fantasmas ( siempre hambrientos )
llueve en las viejas piletas.
en silencio, nadie quiere que despierten.
Aquel pacto con la distancia
los lobos
¿ cuándo ?
Preguntas:
yo no contesto
prefiero los incendios.
Guardá tus símbolos
ya no existen
decime
¿ cuándo ?
No entiendo.
No quiero hacerlo
hay cosas que las explica el sonido
muchas
me pierdo.
No quiero decidir.
Tampoco atender el teléfono / que se cansen de llamar.
Salir. Pero.
¿ cuándo ?
Te inundarán las preguntas. entiendo
Preguntale a los lobos,
que te lo repitan y
matalos si es necesario.
los lobos
¿ cuándo ?
Preguntas:
yo no contesto
prefiero los incendios.
Guardá tus símbolos
ya no existen
decime
¿ cuándo ?
No entiendo.
No quiero hacerlo
hay cosas que las explica el sonido
muchas
me pierdo.
No quiero decidir.
Tampoco atender el teléfono / que se cansen de llamar.
Salir. Pero.
¿ cuándo ?
Te inundarán las preguntas. entiendo
Preguntale a los lobos,
que te lo repitan y
matalos si es necesario.
viernes, 13 de febrero de 2015
después del violeta
la emigración fue a la
antigua selva, de escalones
de oro y franjas eléctricas.
eucaliptos, cabras, eucaliptos y
cabras y toros. Cien toros.
_______
aunque no nos movíamos:
el viento, suburbio reemplazo
nos hacía recordar:
intermitencias,
recordar corazones en las
brasas, lémures.
_______
los toros y las boas.
su tensión y el aire se aquieta
sin brisa
- mantener la calma -
los toros y las boas.
su tensión y su reino improbable.
_______
( los ojos son la pena / más antigua que la selva / con prímulas doradas / pero ¡todo gris! gris elefantes. )
_______
luego un río como civilizaciones.
un río no real sino verdadero.
escalofríos galopantes,
- ahora duermen las pieles -
hablan de generar un espacio.
un silencio en movimiento
la emigración fue a la
antigua selva, de escalones
de oro y franjas eléctricas.
eucaliptos, cabras, eucaliptos y
cabras y toros. Cien toros.
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aunque no nos movíamos:
el viento, suburbio reemplazo
nos hacía recordar:
intermitencias,
recordar corazones en las
brasas, lémures.
_______
los toros y las boas.
su tensión y el aire se aquieta
sin brisa
- mantener la calma -
los toros y las boas.
su tensión y su reino improbable.
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( los ojos son la pena / más antigua que la selva / con prímulas doradas / pero ¡todo gris! gris elefantes. )
_______
luego un río como civilizaciones.
un río no real sino verdadero.
escalofríos galopantes,
- ahora duermen las pieles -
hablan de generar un espacio.
un silencio en movimiento
lunes, 2 de febrero de 2015
Asesinato de Severino Di Giovanni por Roberto Arlt
“El condenado camina como un pato. Los pies aherrojados con una barra de hierro a las esposas que amarran las manos. Atraviesa la franja de adoquinado rústico. Algunos espectadores se ríen. ¿Zoncera? ¿Nerviosidad? ¡Quién sabe! El reo se sienta reposadamente en el banquillo. Apoya la espalda y saca pecho. Mira arriba. Luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta agua para tomar el mate. Permanece así cuatro segundos. Un suboficial le cruza una soga al pecho, para que cuando los proyectiles lo maten no ruede por tierra. Di Giovanni gira la cabeza de derecha a izquierda y se deja amarrar. Ha formado el blanco pelotón fusilero. El suboficial quiere vendar al condenado. Éste grita: “Venda no”.
”Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso. Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas?
— Pelotón, firme. Apunten.
La voz del reo estalla metálica, vibrante:
— ¡Viva la anarquía!
— ¡Fuego!
— ¡Fuego!
”Resplandor subitáneo. Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas. Fogonazo del tiro de gracia.
”Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero martillea a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y con zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.
”Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez, de Última Hora, Enrique González Tuñón, de Crítica y Gómez de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la Penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:
— Está prohibido reírse.
— Está prohibido concurrir con zapatos de baile”.
Fuente: ARLT, Roberto, Obras completas, Buenos Aires, Omeba, 1981, en PIGNA, Felipe, Los Mitos de la Historia Argentina 3, Buenos Aires, Planeta, 2006.
”Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero martillea a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y con zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.
”Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez, de Última Hora, Enrique González Tuñón, de Crítica y Gómez de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la Penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:
— Está prohibido reírse.
— Está prohibido concurrir con zapatos de baile”.
Fuente: ARLT, Roberto, Obras completas, Buenos Aires, Omeba, 1981, en PIGNA, Felipe, Los Mitos de la Historia Argentina 3, Buenos Aires, Planeta, 2006.
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